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Decía Rodolfo Martínez en su prólogo a la reedición por Epicismo de “Demonios en el cielo”, que “la historia editorial de Bermúdez Castillo ha sido accidentada y llena de espacios en blanco que han durado años. Tras sus primeras novelas en los años setenta parece desaparecer del mapa (no del todo, merced a las reediciones) hasta finales de los años ochenta, donde vuelve con dos novelas para desaparecer de nuevo hasta la década siguiente, de nuevo con dos libros, y volver a guardar silencio hasta el año 2001. A nadie extrañara si digo que, una vez más, desaparece de escena hasta 2012”.

No le niego a mi buen amigo Rodolfo la verdad de esa afirmación, pues es muy cierto que en mi vida como autor se han sucedido periodos de intensa producción a otros de la más completa esterilidad.

El último tramo de esterilidad comenzó después de la publicación en el año 2003 de mi obra “El país del pasado”, por Ediciones B. A esta novela solo siguió, el año 2008, la monumental edición, por las “Prensas Universitarias de Zaragoza”, en su colección Larumbe, de la versión completa de “Mano de Galaxia”, con sus dos partes, “Golconda” y “Haladriel”. A la minuciosa labor de Luis Ballabriga Pina se debe el que la misma haya sido completada con numerosas notas, varios apartados sobre mi mismo, mi obra y mi bibliografía, asi como detallados informes sobre artículos publicados con referencia a mi persona, y un extenso diccionario de lugares y personajes.

Pero en el año 2012, sin que yo pueda explicar por qué, surgió otra de esas olas de producción desenfrenada. Comenzó durante el verano del año 2011 con algunos sueños relativos a una visión del planeta Marte, de sus habitantes, y de cómo un muchacho norteamericano, de origen español, llegaba al mismo. Como de costumbre, tomé notas, elaboré esquemas de argumento, y por fín, el dia 10 de septiembre de dicho año comencé a escribir. La novela estaba muy pensada, con todos los problemas resueltos, de manera que su realización se verificó con bastante rapidez. El 14 de noviembre del mismo año, 65 días después, puse fin a la misma. Y en abril del 2012, la “Biblioteca del Laberinto”, dirigida por mi buen amigo Paco Arellano, la publicó, con la portada que puede verse junto a estas líneas. También aparece la bandera de la ciudad santa de Uldehala, con la Gran Luz surgiendo en la última planta.

Pero no se había interrumpido con eso el venero que acababa de abrirse. En marzo del 2012 decidí presentarme al concurso que la “Asociación vasca de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror” había convocado con el tema “La inmortalidad”. Entre el 29 y el 31 de marzo de dicho año, escribí el relato “Compro moribundos”, sobre una vieja idea que tenía aparcada, lo presenté a la misma, y merecí el quedar entre los cinco finalistas. Se publico en la Revista Terbi número 3.

La publicación siguiente fue una reedición de “El mundo Hókun”, realizada por Paco Arellano en su “Biblioteca del Laberinto, con fecha febrero del 2013. Tenía la virtud de conservar las mismas ilustraciones con que Carlos Gimenez había ennoblecido la primera edición, la realizada en 1971 por Ediciones Javalambre, y en la cual, por motivos que ni aún hoy me resultan muy claros, utilicé el hebraizante pseudónimo de “Gael Benjamín”. Dicho pseudónimo desapareció ya en la segunda edición, realizada por Litho-Arte y patrocinada por Carlo Liberio del Zotti.

A título de anécdota he de decir que esta primera obra mía publicada fue la única que pasó la censura. Uno de los representantes de dicho organismo se puso en contacto conmigo para pedirme una carta en que me declarase responsable del pseudónimo utilizado. Cuando fui a la oficina de tan siniestra entidad para hacer personalmente entrega de la misma, el funcionario que había leído y controlado la obra me manifestó que el conjunto de relatos que la componen había rozado el límite de lo permitido, por lo que estuvieron a punto de comenzar a tijeretazos con ella. Afortunadamente, eso no sucedió.

La cuidada edición a que me estoy refiriendo goza de una magnifica presentación de Mario Moreno Cortina, de la que no puedo manifestar más que elogios y agradecimiento. Quiero reseñar solamente como acierta en una de las cosas que siempre me han producido más orgullo: el hecho de que mis obras no se hallan influenciadas en absoluto por las poderosas ondas sísmicas de la ciencia ficción anglosajona. Uno de mis amigos comentó, en cierta ocasión que, cuando se leía una de mis obras, resultaba totalmente evidente que el autor no era un yanqui ni un inglés. Y otro añadió que en algunas salta a la vista que el autor es español.

Al mes siguiente continuó la buena racha con otra reedición. Esta vez se trataba de “Viaje a un planeta Wu-Wei”. La editorial era Sportula, bajo la dirección de Rodolfo Martínez, y la fecha, marzo del año 2013. El mismo Rodolfo se había ocupado de realizar la presentación de la obra y la magnífica cubierta, totalmente integrada con el contenido de la novela, se debió a Juan Miguel Aguilera.

Pero es que, además, Rodolfo había introducido dos importantes novedades en esta reedición de mi primera novela publicada.

La primera de ellas fue modernizar todos los dibujos que acompañaban a la obra y que habían sido ejecutados por mí. Así, por ejemplo el compromiso que el protagonista suscribe con el mago Herder, y el mapa del mundo conocido realizado por el Capitan Grotton. En ello está incluido también el cambio de tipografía para la obsesionante publicidad de la ciudad, para el periódico “El clarinazo matinal…” y otros muchos textos y epígrafes, todo ello sin alterar el contenido original de la novela.

Y la segunda, coronar la publicación con un dilatado estudio final sobre las sucesivas ediciones de la obra (incluyendo la edición polaca) así como con una completa bibliografía del autor.

Pero durante el año 2012 yo había continuado trabajando. En efecto, a principios del mismo había surgido otro título en mi mente. Un título solo, colgado en el aire, sin ninguna idea que lo acompañase. Ese título era “Los herederos de Julio Verne”.

Lo cierto es que resultaba un poco extraño que jamás hubiese escrito nada sobre ese autor, por el cual siempre había sentido una especial predilección. A lo largo de muchos años había ido adquiriendo las obras del mismo publicadas por su único editor, Pierre-Jules Hetzel, desde luego en las encuadernaciones originales, y muchas de ellas en su primera edición. Esa colección se había completado por casi todas las biografías existentes sobre el autor francés, y por numerosos estudios monográficos sobre diversos aspectos de su vida. Igualmente por las obras del mismo que se habían representado en el teatro, los diversos poemas de todo tipo y hasta aquellas que no habían sido publicadas.

Por tanto, apenas tuve que documentarme sobre el tema central de la novela; ya lo dominaba de antemano. Y el argumento casi caía de su peso: El fallecido escritor galo dejaba una herencia intelectual y material que, por cierta concatenación de circunstancias iba a recaer en parte a favor de una familia española.

Iba a ser, además, una novela ilustrada, puesto que la caducidad de los derechos de autor sobre textos e ilustraciones me permitían hacer libre uso de ambos. Aparecen aquí las dos portadas, la de la edición en papel (Biblioteca del Laberinto) y la de la edición digital (Sportula). Igualmente añado una imagen de uno de los platos realizado en honor de Julio Verne, dedicado a “La isla Misteriosa” y una de las ilustraciones de “Miguel Strogoff”. Estas y algunas más se hallan incluidas en la novela.

Comencé a escribir la novela el dia 23 de junio de ese año y la termine el 6 de septiembre. Incorporaba un “Epílogo que no podía ser prólogo” y además, el mismo editor, Paco Arellano”, de la Biblioteca del Laberinto, la enriqueció con un artículo final, titulado “Vernianos, steampunk… tout avant la lettre”. Se produjo la coincidencia de que la misma editorial había publicado la obra “Los desterrados de la Tierra”, de André Laurie, que sirve de base a uno de los escenarios de la novela.

A mediados de dicho año, 2012, Alejandro Castroguer me pidió un relato para su antología “Vintage’63” que naturalmente versaría sobre personajes famosos que hubiesen muerto en ese año de 1963. Por ejemplo, John Fitzgerald Kennedy, Aldous Huxley, C.S.Lewis, Edith Piaf, etcétera.

Entre el 16 y el 31 de diciembre del 2012 pude satisfacer su deseo, escribiendo “La canción y el jazmin”, dedicada al fallecido líder rifeño Muhammad Ibn Abd-el-Krim. El conjunto de relatos se publicó en octubre del 2013.

Pero en el verano de ese mismo año, Cesar Guerrero Escalona, de Ediciones Epicismo, tomó contacto conmigo, pues su editorial se hallaba interesada en una reedición de mi obra “El señor de la rueda”. Por mi parte, encantado y honrado de acceder a esa petición, que luego resulto extenderse a algo mucho más importante que la reedición de la novela.

En efecto, Cesar Guerrero y Angel Arcos Gallardo querían realizar un juego de rol basado en la novela, usando para ella los ambientes y los personajes de la misma.

La idea, desde luego, me sedujo. No sabía gran cosa de juegos de rol, pero eso se solucionó en seguida gracias al desinteresado envío que la editorial me hizo, comprensivo de dos obras importantes: “Iluminados”, un juego de rol, y el manual “¿Qué son los juegos de rol? Guía didáctica”, de Simón Blasco Perales.

La relación sobrepasó con mucho, la normal editor/autor para la publicación de una novela. Se mantuvo durante unos meses y debo decir que en más de una ocasión respondí a las consultas de Cesar mediante un corto relato, la relación de una aventura, o la descripción de una anécdota. Todo ello desembocó, por fin en una idea que tuve y que resultó demasiado ambiciosa.

Como prueba de esa labor común adjunto un boceto, realizado por mí, de un castillocar atacando a su enemigo, y la nota que tomé después de haber soñado con los vehículos “Carro de la Sopa” y “Terror del Universo”, que se incluyeron en el Juego de Rol.

Pero entretanto, la editorial Epicismo se había manifestado interesada en iniciar su colección de ciencia ficción con una de mis obras, y ello trajo consigo que publicasen la reedición de “Demonios en el cielo”, cuya primera edición se produjo en la Colección “Espiral” de Juan José Aroz. La publicación con una excelente portada de José Manuel Serrano Sanchez, se produjo en diciembre del año 2013.

La ambiciosa idea a que me he referido antes había cuajado en la realización de un capitulo suplementario a mi obra “El señor de la rueda”, y que en mi opinión, tanto podía servir de complemento a la novela, como de precedente al juego de rol, siendo útil, en este segundo caso, para ayudar a los jugadores y al director del juego en el planteamiento del mismo.

Como me ha sucedido otras veces, me equivoqué en una cosa, y ello fue la longitud del capítulo. Recibió como nombre el de “Antes de la partida” (El capítulo que nunca se escribió), y tenía 73 páginas, nada menos, escritas con tipo Times New Roman, cuerpo 14. En suma, que era casi más largo que la novela original, por un lado, y un excesivo peso en el juego de rol, por otro. Además, en el primer caso hubiera desvirtuado la pureza de la novela “El señor de la rueda”, que ya de por sí, estaba completa, sin necesidad de adición alguna.

Tanto la novela como el juego de rol basado en ella aparecieron hace poco, en junio de este año 2014. El capitulo a que me estoy refiriendo se escribió desde el dia 28 de noviembre del 2013 concluyéndose en el 30 de enero del 2014. La editorial me agradeció mi colaboración dando mi rostro a la imagen del Rey Arturo, tal y como figura en el Juego de Rol y como aparece aquí mismo.

Pero, de acuerdo con la editorial, decidí que no se perdiera. Por ello lo incluyo aquí, como un homenaje más a ese trabajado juego de Rol de Cesar Guerrero y de Angel Arcos, y autorizando, en los términos que se verán, a la libre reproducción del mismo por medios digitales. Puede accederse al mismo mediante este enlace.

Quiero reproducir aquí las mismas advertencias que hice en la introducción al “Señor de la Rueda”, relativas a las tres obras basadas en una misma idea: Novela, Cápitulo extra y Juego de Rol. Son estas.

Para empezar, el sufrido público lector se podría dividir en dos grupos. Los que ya han leído “El señor de la rueda” y los que no lo han hecho. E igualmente, los que solo tengan interés por el juego de rol, y los que no lo tengan. Pero estas advertencias van para aquellos que quieran leer la novela o los que quieran adquirir el juego de rol.

Indudablemente, para los primeros, el capítulo perdido iría detrás de la novela, sirviendo como una especie de complemento a la misma. Tal vez hallarán algunas pequeñas variaciones en el comportamiento de los protagonistas, pero en definitiva, nada serio. En cuanto a los usuarios del juego de rol, es preciso partir de otro punto: ¿les es conveniente o necesario leer la novela y el capitulo que nunca se escribió para poder participar en el juego de rol, o no?

Honestamente, la respuesta tiene que ser negativa. La maestría de los redactores del juego de rol ha sido tal, que leyendo su descripción del mundo de las carreteras en Lal 83.125, de los caballeros y damas, de las leyendas, del vestuario, de las bestias que habitaban los bosques, o lo que versa sobre el comportamiento de los diversos profesionales, es bastante para participar en el juego de rol con suficiente provecho. Pero si quieren “ampliar estudios”, en nada les perjudicará leer la novela primero, y el capitulo perdido después.

Naturalmente, es muy posible que alguien lea la versión del capítulo que nunca se escribió, “Antes de la partida”, publicada en mi web, sin tener interés ninguno por el juego de rol y sin haber leído la novela. Le va a resultar difícil de entender, pero no imposible.

Y a partir de este momento, finales del 2013, mi actividad literaria ha sufrido una nueva paralización. El día 12 de noviembre del 2012 comencé a escribir lo que iba a ser un relato de tamaño medio, pero que luego creció hasta ser una verdadera novela. Recibió, en principio, el título de “Un mundo casi feliz” y se desenvolvió, a tropezones, con dificultades. con periodos de inactividad y, todo hay que decirlo, con muy pocas ganas de escribir, hasta que concluyó el dia 2 de junio del 2013. Total, casi siete meses, o sea 202 dias de trabajo, Le cambié el titulo por “El dios que nació en Madrid”, y la abandoné a su suerte. La tengo aparcada, hace más de un año, sin repasar ni corregir, en espera de que alguien me pida una obra.

Lo mismo le sucede a la continuación de la misma, que se encuentra en el estado de construcción, formado por una colección de notas de carácter general.

Por lo que se refiere a la segunda parte de “LOS HEREDEROS DE JULIO VERNE”, se halla completamente estructurada, dispuesta por tanto, para ser escrita en cualquier momento, a falta solamente de algunos detalles. En su caso, el titulo será, mientras no se me ocurra otra cosa, “LOS HEREDEROS DE JULIO VERNE 2”. Por si alguien se lo pregunta, ya había previsto, al escribir la primera parte, las diversas claves e indicios que iban a ser aplicados en la segunda. Pero dada la poca difusión que parece que ha tenido la primera parte, no veo necesario, por el momento, escribir la segunda.

Ha surgido solamente un pequeño contrato con el GRUPO ANAYA para la publicación de mi relato “La última lección sobre Cisneros”, dentro de una antología.

Bueno; creo que ya me merezco un poco de descanso.



Elche, 24/26 de julio del 2014.